jueves, 28 de agosto de 2008

CHONCHO


- LAZAROFF -
(1950 - 1989)


Jorge Lazaroff es uno de los creadores fundamentales de la canción popular uruguaya de los últimos treinta años. Su peripecia creativa, que arrancó en los años sesenta, ha permitido experiencias renovadoras en textos y músicas. Tras formar parte de Patria Libre junto a Jorge Bonaldi y Raúl Castro, integró la formación de Los que iban cantando, Canciones para no dormir la siesta y Vale cuatro. Más tarde emprendió su actividad como solista y grabó su primer disco, Albañil, título que tomó de la emblemática canción compuesta por el argentino Higinio Mena y que lo situó en el podio de la popularidad.

Con una estética que hasta ese momento no era habitual en el canto popular, el "Choncho" es un buen ejemplo de la ruptura de fronteras entre la música considerada "culta" y "popular", proponiendo nuevas formulaciones de textos y músicas.

Discos como Albañil (1979), Dos (1983, Tangatos (1985) y Pelota al medio (1989) lo situaron en un camino estético contestatario y a la vez alejado del simple panfleto, con trabajos de gran complejidad armónica que, sin embargo, llegan al auditor con la sencillez del arte verdadero.

Su muerte prematura dejó un vacío estético que el paso del tiempo aún no ha logrado llenar. Lazaroff, además, ha sido un ser humano entrañable, partícipe de una generación que ha buscado siempre trabajar las sensibilidades comunes en forma colectiva, muy lejos de personalismos o divismos.

Tanto así que Lazaroff junto a Jorge Bonaldi, Luis Trochón, Jorge Dipólito y Carlos Da Silveira (Los que iban cantando) señalaron --en su debut producido en 1976 en el Shakespeare Café Concert-- un antes y un después en la canción popular uruguaya.

La propuesta del grupo (aunque ellos se definían como solistas trabajando en conjunto), tuvo una repercusión y un prestigio sin precedentes en los años de oscuridad provocados por la dictadura que asoló a nuestra nación. Cuando todo estaba prohibido, Los que iban... , al igual que otros cultores del Canto Popular, recrearon un lenguaje poético pleno de metáforas, logrando así burlar a los censores y transmitir a los auditores su doblegador mensaje de rebeldía.


EL DIOS BACO


- CAZUZA -
(1958 - 1990)


El dios Baco, deidad siempre joven, gozosa de los premios del vino y del amor, pudo haber tenido su encarnación en Brasil. En los años 80, un chico con el entusiasmo y ardor poético más exacerbado, sacudió la escena del rock latinoamericano, revolucionando el pensamiento existencial de la época al cambiar a una generación entera. La encarnación en tierra de Baco transitó por la tierra portando un mítico nombre: Cazuza.

Cazuza era el hijo único de Joao de Miranda Araujo, empresario de la discográfica Odeón y de Lucinha da Silva. Nacido el 4 de abril de 1958 y nombrado Agenor, Cazuza comenzó sus pasos por la vida.

Desde joven gozaba de una prodigiosa imaginación. Cazuza realizaba pequeños cuentos de amores y desamores, muertes y formas alternativas de familias, en cuya trama se hilvanaba la bigamia. Poco a poco trocó su imaginación hacia la creación de ciudades enteras con cerillos. Pero, como todo niño de talante creativo, era disperso en la escuela. Sus peregrinajes en las escuelas fue interminable. En ese momento conoce, por vez primera, la marihuana.

Porque su padre estaba en contacto con las grandes estrellas de la música brasileira, Cazuza creció mirando a los ídolos de ese tiempo. Convivió con Caetano Veloso, Gilberto Gil, Gal Costa y Elis Regina.

Después de intentar suerte con la fotografía en la Universidad de Berkeley en EU, Cazuza regresa al Brasil, donde logra entrar de fotógrafo en la discográfica RGE. Con ese empleo se alquiló un departamento en Ipanema, el que tuvo que dejar porque los vecinos lo habían denunciado por tráfico de cocaína.

Cazuza, estimulado por los vaticinios de un astrólogo, entró al taller de teatro de Perfeito Fortuna, montado en Circo Voador. Aquí llegaría su momento: en el trabajo final, Cazuza y compañía hacen una parodia de La novicia rebelde. Cazuza cerró el evento cantando “Odara” de Caetano. El público quedó estremecido.

Ese “inicio musical” llevó a Cazuza a liderar, a principios de los años 80, una de las bandas icónicas del rock brasileño: Barao Vermelho.
Después del tercer disco del Barao, Cazuza renunció a la banda. Se sentía atrapado. Solía decir que el grupo limitaba su composición. Además, las extravagancias de Cazuza en el escenario incomodaban ya a la banda. El fin era definitivo. Por otro lado, las fiebres que sufría Cazuza lo empezaban a preocupar. Su remedio: aspirinas y vodka. Pero el destino sería más grave.

Consideró que los antibióticos eran la respuesta a la infección bacteriana que, decían, se alojaba en su pulmón. Poco a poco fue cayendo en cuenta de que se podría tratar de una nueva enfermedad en la época: el temible VIH. En 1985 se hizo la prueba. Positiva. Cazuza sabía que moriría a causa del Sida. Inmediatamente, viajó a Boston, con el fin de que, por medio de un tratamiento experimental de la época, el AZT, lograra revertir el mal.

Pero supo que eso no sucedería. Así, pues, Cazuza se decidió a vivir y a componer en forma compulsiva. Graba el disco “Ideología”, en el que retrata con rudeza el Brasil decadente e individual que vive la generación posterior a la dictadura. Uno de sus versos reza: “Mis héroes murieron de sobredosis. / Mis enemigos están en el poder. / Ideología. Yo quiero una para vivir. / Mi placer ahora es riesgo de vida”.
Después de hacer “Ideología”, Cazuza decidió efectuar un concierto “final”. El escenario, el teatro Aeroanta de San Pablo. Los productores hicieron todo porque Cazuza tuviera todo aquello que necesitaba para poder cantar, sin sufrir su enfermedad en demasía: enfermeras, tubos de oxígeno y una ambulancia.. Se le pidió a Cazuza concentrarse en cantar y a no efectuar baile alguno o cualquier cosa que pusiera en riesgo su vida.

Delgadísimo con un turbante sobre la cabeza, Cazuza cantó durante más de dos horas. Con crudeza alternada con la fantasía, Cazuza se derramó en el escenario. Como despedida cantaría “El Tiempo no para”. Pero esto no era suficiente. El poeta de la juventud se rebelaría. El final no podía ser ese. Y por ello diría: “Te busco en la escuela, te hincho las bolas, con todo mi amor. / Te llevo a la fiesta, pruebo tu sexo con aires de profesor. / Te hago promesas muy locas, tan cortas como un sueño bueno. / Si te escondo la verdad, nena, es para protegerte de la soledad”. El final con “Es parte de mi show” es la rúbrica de su testamento.

Con “Ideología” recorrió todo Brasil. En una de sus presentaciones, en la ciudad de Belem, Cazuza soportó la fiebre durante todo el recital. Al terminar su última canción, cayó al suelo. “Yo no creo que haya vida después de la muerte. Así que si algo me pasa, que sea sobre el escenario”, comentó mientras lo trasladaban de urgencia.

En otra presentación, Cazuza tomó una bandera brasileña y la escupió en dos oportunidades. Su actitud se transformó en escándalo nacional. Al día siguiente Cazuza dijo: “Realmente escupí la bandera dos veces y no me arrepiento. Sabía muy bien lo que hacía. Entiendo que la bandera brasileña es la que simboliza nuestra historia. Pues muy bien, yo escupo en esa historia triste y patética”. Fue acusado, de inmediato de antinacionalista.

El llamado a los dioses: “No me voy, no quiero”

Mientras, las dosis de AZT ya eran excesivas (doce por día), lo que, aunado al consumo de alcohol y drogas, llevaba a Cazuza a la locura. En las clínicas desfilaba con su turbante diciendo que era un príncipe árabe. Otras veces se dedicaba de lleno a la fotografía y usaba 20 rollos diarios para retratar lo que estuviera a su alcance. También se había obsesionado con la higiene de sus manos
Pesando 40 kilos y con serios problemas físicos, Cazuza grabaría “Burguesía”, un repertorio de 20 canciones envueltas en el furor, que reflejan su agonía: “Vida loca, vida breve, / ya que no te puedo llevar, / quiero tu me lleves / Vida loca vida, vida inmensa. /Nadie va a perdonarnos, nuestro crimen no compensa”. En arrebatos de creatividad, llegaba a los estudios en silla de ruedas y grababa tirado en un sofá, en jornadas de 12 horas padeciendo 39 grados de fiebre. “Señores dioses, protéjanme de tanta magia. / Estoy pronto a ir a su encuentro. / No quiero, no voy, no quiero. / No quiero, no voy, no quiero”.

La juventud no para

Acorde al espíritu juvenil que lo envolvía, y la fugacidad que esto conlleva, Cazuza vivió tan sólo 32 años. Pero la honda huella que dejaría en el pensamiento de miles, viviría por siempre: Buscar el amor y la embriaguez, mientras el tiempo no para.

Porque bien sabía Cazuza que el amor y la embriaguez necesitan el total vigor del cuerpo, la plenipotencia de los músculos, glándulas y nervios, el galope indomable de la sangre, cosas que sólo posee la edad juvenil. Sabía Cazuza que el poeta pretende las alegrías del amor; disfruta del vino y la poesía, y los reparte, para el goce de todos.

Por ello, Cazuza se recrea en esa edad juvenil, se afianza en ella hasta saciarla, hasta que la tensión de los cuerpos llega al límite, hasta que la embriaguez es el máximo dolor, hasta que la poesía tumba, truena como rayo en la noche, y deja a los cuerpos muertos sobre el prado. Cazuza lleva su juventud, su embriaguez, su amor, su poesía, hasta los extremos. Le llama a una generación taciturna, individual, y, como encarnación de Baco, reparte los dones para todos, nos inunda de poesía, de embriaguez, de amor: de juventud.
Cazuza murió el 7 de julio de 1990. Tenía 32 años y pesaba 38 kilos.

martes, 19 de agosto de 2008

EL ALQUIMISTA


- RAUL SEIXAS -
(1945 - 1989)


Durante los años 70′ y 80′, Paulo Coelho no era un escritor superventas. Era letrista y componía canciones que interpretarían artitas como Elis Regina y Rita Lee. Pero uno de sus socios más duraderos fue Raul Seixas, un innovador del rock brasileño. Más de 60 canciones avalan la fructífera sociedad de estos dos esotéricos de la Música Popular Brasilera.

Seixas nació en Salvador, Bahía, en 1945. Desde joven, “Raulzito”, como era conocido, se mostró como un rockero nato. Durante sus primeros discos, grabados en Rio de Janeiro, tuvo serios inconvenientes. Además de líos con las compañías disqueras, Seixas tuvo un problema mayor, con la "M" de militar.

Una de sus canciones más populares era “Sociedade alternativa“, basada en algunos escritos de Aleister Crowley, un novelista y poeta que se destacó por ser ocultista y guía espiritual. La letra era un abierto llamado a la libertad humana y hacer lo que uno quiera. El resultado fue tortura y exilio a Estados Unidos.

Fue Crowley quien sugirió a Churchill el signo de la victoria (los dedos índice y corazón en forma de V), que éste último usaba tan a menudo, diciéndole que era un signo de poder que les haría ganar la segunda guerra mundial y publicó un pequeño panfleto que contiene poemas relacionados con el tema.

Después de una exitosa década de los 70 y unos complicados 80, este mago, que decía saber cuándo moriría, falleció en 1989 de una pancreatitis, producto de su alcoholismo. Tenía apenas 44 años, pero por su legado y aspecto, pareció que estuvo más años en este mundo.


ESPERANDO POR MI


- RENATO RUSSO -
(1960 - 1996)


Con ocho discos de estudio al frente de su grupo "Legiao Urbana" y dos como solista, Renato Russo construyó un mito único dentro del rock brasileño. Conflictuado portavoz de una generación, a cuatro años de su muerte su leyenda sigue creciendo dentro de su país, aunque sigue siendo casi un desconocido fuera de sus fronteras.

El tema se llama “Faroeste Caboclo”, tiene 159 versos y nueve minutos de duración. Compuesto con una guitarra acústica por Renato Russo antes de formar el grupo que lo haría famoso, esa historia del bandido Joao de Santo Cristo conquistó los oídos de todo Brasil hacia 1988, cuando formó parte del tercer álbum de Legiao Urbana, el combativo Qué pais é este.

A pesar de su extensísima duración y la crudeza de su letra dylaniana –que no escatima sexo, drogas y violencia–, “Faroeste Caboclo” fue, a partir de entonces, un himno radial, para pesar de los programadores de radio, que debían sacrificar un espacio en el que cabían tres temas por uno solo, del que debían censurar versos como “Yo no protejo a un general de diez estrellas / que se queda detrás de la mesa con el culo en la mano”, para que sus emisoras no fuesen sancionadas.

Pero, según escribe Arthur Dapieve en su flamante biografía de Renato Russo, eso no tenía importancia: “En 1988, cualquier niño brasileño podía recitar al pie de la letra esos dos versos y los otros 157 de la canción”

Una anécdota en torno de la letra de esta canción única dentro de la historia del rock brasileño refleja con elocuencia el mito que fue construyéndose alrededor de su autor.

Cuatro años atrás, cuando se difundió la noticia de la muerte de Renato Russo en su hogar de Río de Janeiro, víctima de sida, el noticiero televisivo más importante del Brasil –el Jornal Nacional de la Rede Globo, con una audiencia promedio de 25 millones de espectadores– le dedicó la mitad de su emisión.

Sin embargo, en la reunión de producción previa se registró una fuerte discusión, ya que la presentadora del segmento –llamada Lilian Witte Fibe– no estaba convencida de la importancia de la noticia.

La discusión acabó cuando su compañero al aire –un tal William Bonner– recitó de comienzo a fin los 159 versos de “Faroeste Caboclo”.

La muerte –y la vida– de Renato Russo ocupó medio Jornal Nacional, algo que sólo se repetiría dos años más tarde, con la muerte de Frank Sinatra.

La leyenda -resumible en esa frase de Cazuza que dice “mi sexo y drogas ya no tienen ningún rock’n’roll”– no hacía más que comenzar.

MITO URBANO

Tal como refleja esa anécdota que cuenta Dapiave en su libro -editado dentro de una colección de biografías de las celebridades de Río, que pone al líder de Legiao Urbana junto a Zico, Chico Buarque y Vinicius de Moraes–, tanto “Faroeste Caboclo” como el resto de la discografía de Russo dan cuenta de un fenómeno extraño dentro del rock brasileño: la combinación de un fenómeno masivo con la más estricta calidad estética.

Pese a la omnipresencia de la música dentro de la vida brasileña –o precisamente a causa de eso–, el rock no ha sido una fuente de iconografía y alimento del inconsciente colectivo como sucedió en la Argentina.

Lejos de eso, el género más bien ha transitado esas subidas y bajadas de marea de los otros países latinoamericanos: masividad con cada movida estético-corporativa (reggae, grunge, etc.), desaparición casi sin rastros ante la aparición de una nueva moda discográfica.

Dentro de ese panorama, la irrupción de una figura eminentemente rockera como Renato Russo –un poeta consciente de su arte y masivo sin necesidad de un aparato de marketing– es poco menos que un milagro de esos que el rock suele festejar, envidiar y luego condenar a mito póstumo.

De visita hace un par de meses en la Argentina, acompañando el set acústico de Paralamas, Dado Villa Lobos –ex guitarrista de Legiao Urbana– comparaba las carreras de ambos grupos: “A pesar del éxito de sus comienzos y el carácter de clásicos que tienen actualmente, la trayectoria de Paralamas tuvo sus altibajos.

Con nosotros, en cambio, fue todo lo contrario: nuestro público siempre aumentó. Sin promoción, ni videos ni nada, hicimos siempre lo que quisimos, hasta las últimas consecuencias. Y con un sonido que no tenía nada que ver con el clásico sonido brasileño de exportación. Lo nuestro fue urbano y colonizado desde el comienzo, como decía un hit denuestro primer disco, compuesto por Renato en el ‘79, y no casualmente titulado Generaçao Coca-Cola”.

AQUI, LA LEGION

Nacido Renato Manfredini, hijo de un economista del Banco do Brasil y una profesora de inglés, Russo creció en Brasilia, la inhumana ciudad capital diseñada por Niemeyer en donde los hijos de políticos y diplomáticos construyeron una diminuta pero activa escena a fines de los ‘70 y comienzos de los ‘80, de la que salieron grupos como Paralamas y Legiao Urbana.

Niño precoz e introvertido, Renato sufrió al comenzar su adolescencia una terrible enfermedad que le carcomió los huesos de la cadera y lo inmovilizó durante año y medio.

Mitómano y fanático de Pessoa, Manfredini Junior se inventó un heterónimo al que le adjudicó toda una mitología: en su invalidez, Renato imaginó la historia de Eric Russell (en homenaje a Bertrand, pero también a Jean-Jacques Rousseau y el pintor Henri Rousseau) y su 42nd Street Band, adjudicándole una biografía completa, con tapas de discos incluso.

Cuando superó su enfermedad, el joven punk en el que se convertiría fue el encargado de llevar a la realidad aquella fantasía.

La primera banda de Renato fue una hoy mítica banda punk de Brasilia llamada Aborto Elétrico.

De sus cenizas saltaría a su época dylaniana como El Trovador Solitario, nombre con el que Renato abría, acompañado únicamente de su guitarra acústica, los shows de las otras bandas de la escena local, fascinando al público con canciones que se harían famosas al ser grabadas mucho después por Legiao Urbana.

Con una fama que fue creciendo paso a paso, Legiao llegó al mundo discográfico de la mano de Paralamas, que los recomendó a su sello.

Cuando Paralamas triunfó en “Rock In Rio”, los integrantes de Legiao sólo podían mirar con envidia el éxito de sus amigos por la televisión nacional, pero con el tiempo –a fuerza de hits contestatarios, y de un mito que crecía disco a disco– el grupo de Renato superó a todos sus contemporáneos.

Dentro de la trilogía fundamental del rock brasileño de los ‘80, si a Paralamas le corresponde el lugar de Soda Stereo (así como a los Titas –salvando abismales diferencias– el de Sumo), el único referente posible de Legiao serían los Redonditos de Ricota.

No tanto musicalmente, sino por el cerrado mito creado alrededor de ellos, así como por su irrenunciable independencia estética y el hecho de que se trata de un grupo eminentemente de fronteras adentro, como los Redondos.

La sensibilidad y el condimento generacional se fueron unificando con el correr de los discos de Legiao Urbana:

Renato supo firmar furiosos rocks de cuasi-protesta como “Qué pais é este” así como sensibles hits generacionales como “Pais e filhos”. A través de sus ocho discos de estudio –editados entre 1985 y 1996–, Legiao Urbana demuestra ser un grupo ambicioso y consciente de esas ambiciones, logrando un catálogo que merece ser recorrido de punta a punta, con especial énfasis en Dois (1986) y As Quatro Estacoes (1989), así como el flamante Acústico MTV, que salió de las latas en que estaba archivado desde 1992 y ya superó la cifra de un millón de placas vendidas, demostrando que el mito del grupo –y de su cantante– sigue vivo en su país.

“Brasil es una República Federativa llena de árboles y gente diciendo adiós”, se puede leer en la cita de Oswald de Andrade que prologa el trágico A Tempestade (1996), el álbum de despedida de Russo con Legiao Urbana, antes de morir de sida.

Su memoria, sin embargo, no deja de saludar generosamente a los nuevos fans que se acercan día a día a sus eternas canciones.


Hace exactamente cinco años que el pop brasilero perdía el poco sentido que tenía, acelerando la excavación hacia el actual abismo cultural en el que se encuentra. Con la muerte de Renato Russo, moría Legião Urbana, una de las bandas de Rock más importantes del Brasil, influyendo en el imaginario colectivo -junto con el experimentalismo de Los Mutantes- al igual que lo que pudieron hacer los Beatles en el mundo.

El fin del grupo coincidió con la aceleración de la idiotización del pop brasilero, hoy compuesto por discos con covers, muchos de ellos subproductos de los propios Legião Urbana.

El 24 de mayo de 1994, Renato Russo y su banda viajaban por el interior de San Pablo como el tour del disco "O Descobrimento do Brasil". El show de aquella noche había sido en el gimnasio municipal de Valinhos (a 88 kilómetros de la capital) y problemas con la acústica del lugar hicieron al grupo convocar una reunión de emergencia en el hotel Royal Palm Plaza, en Campinas. Esta es la nota con Renato Russo, luego del toque.

- ¿Cuál es tu disco favorito de Legiao Urbana?

- Renato Russo - "V", el que yo encuentro como el más difícil. Me gusta mucho "O Descobrimento do Brasil". Ahora, que encontré la programación de los 12 pasos -con los cuales dejé la bebida y las drogas-, todo está más tranquilo. En el show de hoy, por ejemplo: el sonido era un caos, todo era un horror, y el público, todo bien. El lugar tenía una resonancia brutal. El público gritaba mucho, y los ingenieros de sonido tuvieron que aumentar todo, lo cual llevó al desequilibrio. Al comienzo era sólo "bum-bum-bum" y yo me pasaba gritando, no daba para oir los detalles. Pero si fuese otra época, en una situación así hubiera empezado a tomar, me hubiese fumado un porro, hubiese dicho: "No pienso hacer un show más...nhem-nhem-nhem"... eso ahora ya no existe más. Hay tranquilidad, serenidad, que este disco trae, y encuentro que las canciones reflejan eso.

- ¿Como fue salir de esa fase?

- Renato Russo - Yo me estaba destruyendo, y en vez de matarme con un tiro en la cabeza, preferí pedir ayuda. Eso viene desde los 17 años, pero en "V" fue la primera en la que coloqué en la música estas inquietudes. "Montanha Mágica" es sobre eso. Yo era joven y acabé entrando en un hueco sin salida.
Eso me fue consumiendo, yo estaba deprimido y no sabía por qué. Pensaba que el mundo era horrible, igualito a Kurt Kobain, nada más valía la pena. Y eso es extraño, porque si un día tengo que encontrar que las cosas ya no valen la pena, quiero estar con la cabeza en su lugar y no con el cuerpo lleno de toxinas. Dejé todo tipo de drogas y descubrí que las cosas no eran tan horribles.

- ¿Eso se refleja en la sonoridad de la banda?

- Renato Russo - Eso es lo que decide la gente. En todo disco se busca hacer alguna cosa diferente, es porque es más divertido. Y para no caer en la obligación de repetir un mismo trabajo. No esperábamos que "Quatro Estações" fuese a pegar, porque es un disco muy difícil, pero a todo el mundo le gustó. Las letras son complicadísimas, pero a su vez no lo son tanto en cuanto a lo que descubren. Es tán depresivo como "V".

Intentamos hacer música pop porque era natural que quisiésemos hacerlo, pero no era buena. "O Descobrimento do Brasil" no es un disco para los rankings, es como "Power, Corruption and Lies", do New Order. Es la cosa más gloriosa del mundo, pero, si se le presta atención, es pesado.

- Como "Quatro Estações"...

- Renato Russo - En general, la gente encontró que aquello fue la cosa más alegre que se ha hecho. En cuanto a "V", no. La gente intentó hacer una música alegre por lo menos, de todo lo que fue éxito, y no sabía. "Vento no Litoral" se tocaba porque tenía una melodía bonita. Al igual que "Metal contra as Nuvens" una canción superaccesible. El problema es que el disco hablaba de cosas que las personas no estaban queriendo oír ahora. Pero el disco tiene las mejores letras, por lejos. Conseguí decir todo lo que quería. Pero las personas no querían oír aquello. Por ejemplo, "Metal contra as Nuvens" es un tema sobre el Color pero nunca nadie quiso hablar de eso.

-¿Como ves la crítica?

- Renato Russo - Ellos usan motivos errados. Yo no soy el dueño de la verdad, pero, para mi, lo que motiva esas caras es un rencor y una incomprensión de lo que es nuestro país y de como las cosas funcionan. Existen iniciativas maravillosas en Brasil y la gente no lo sabe. La gente vive reprimida, buscando todo lo que no tienen y donde todo es horrible. Me gustaría presentar un buen trabajo para las personas que le gustan la gente. Busco mostrar la posición en que la gente se encuentra, no me intento esforzar al máximo para mostrar lo mejor posible esa realidad.

- ¿Y el futuro de Legião?

- Renato Russo - No tengo idea. Tampoco creo que la gente me siga por el simple hecho de que hacemos música sin repetir. Después de "Perfeição", ¿que puedo escribir? Después que se dice "vamos a celebrar la estupidez humana", ¿que más se va a decir? Entonces lo que se hace es lo que hizo The Cure, más adelante y con tiempo, se hace una mezcla. O girar el rumbo de la banda, como New Order. Si la gente se cansa, la gente para. Si la gente encuentra que todavía vale la pena hacer algo, la gente continúa.

VIAJE DE VIDA


- MEZO BIGARRENA -
(1951 - 1993)

Dos discos casi secretos (Viaje de vida y Avión) y una existencia nómade y turbulenta lo convirtieron en un mito de la música de los años 80. En Londres compartió una casa tomada con Sid Vicious y se hizo amigo de Joaquín Sabina. En Brasil grabó con Chico Buarque. Un amor argentino lo trajo a Buenos Aires, donde vivió los últimos ocho años de su vida haciendo lo que sabía: seducir, sacar chispas, componer canciones de culto, pelearse con todo el mundo y desmoronarse. Ésta es la historia del vasco Mezo Bigarrena.

http://static.pagina12.com.ar/fotos/radar/20030921/notas_r/vascoviejo.jpg

por Ina Godoy

Aunque grabó dos discos en nuestro país y fue un personaje conocido y respetado dentro del circuito de músicos de los '80 de toda Latinoamérica, Mezo Bigarrena pasó inadvertido para el gran público. Para escuchar hoy sus canciones hay que limitarse a las versiones que Juan Carlos Baglietto grabó de temas como "La rosa fantasma" o "En este barrio". Sus colegas, amigos y mujeres coinciden en que Mezo tenía todo para pasar del personaje de culto a cierta popularidad, pero su propio carácter, su elección de vida y una sociedad que acostumbra ignorar lo que no entiende condenaron al olvido a un músico que 15 años atrás ya mezclaba en sus discos bossa nova con chacareras y rocks furiosos. "Hay tipos que componen bien pero no llegan a la gente común: lo que se llama 'música para músicos'. En su caso había temas que, bien difundidos, hubieran podido vender carradas de discos. Tenían ángel, y una pegada popular." Ésa es la impresión que tuvo Rodolfo García –baterista de Almendra– cuando, junto a Pedro Conde, uno de los mejores amigos del Vasco, interpretaron algunos de sus temas con el grupo La Barraca.
Según
el músico rosarino Adrián Abonizio, Mezo era "un excelente letrista, con una voz conmovedora y desafinada en el mejor sentido (la naturaleza no afina). El estado semisalvaje en el que estaba lo hacía original". Al escuchar Viaje de vida, su primer disco, es fácil pensar lo influyente que podría haber sido si el cosmopolitismo de nuestros gustos musicales no estuviese tan viciado de snobismo. Pero para eso, además de suerte, le habría hecho falta otra sangre: una sangre menos crítica, más careta, menos excesivamente sincera.

Viaje de vida.

"Nací el día del loco y voy a morir el día del loco", decía Mezo Bigarrena, que llegó al mundo el 22 de julio de 1951 en Algorta, a 16 kilómetros de Bilbao, en el País Vasco. Tenía once meses y daba sus primeros pasos cuando se cayó, lastimándose la cara contra una vasija de loza. El saldo de ese primer golpe fue una cicatriz que le atravesaba en diagonal el pómulo izquierdo, ingrediente indispensable para su aire de pendenciero, matón o pirata.
A los tres años sus padres viajaron a Venezuela en busca de trabajo. Latinoamérica se metió en sus venas de una manera abrupta y decisiva, pero Mezo sufrió mucho la distancia y la casa cercana al faro de Punta Galea fue un escenario ideal para sus tempranas ensoñaciones viajeras. Su padre –José Luis Ugarte, que aún hoy vive en la calle Amesti, en Algorta– recuerda que al volver, "el chaval ya tenía trece años y los mapas del libro de geografía universal que le había mandado llenos de anotaciones. Había localizado perfectamente el lugar donde estábamos, y sabía de geografía mucho más que yo".
El día que cumplió la mayoría de edad, Mezo dejó su país para siempre. Después de pasar por Suecia cayó en Londres, donde trabajó como obrero de la construcción y en pleno auge yonqui convivió en un squat con Sid Vicious. De esa época es "Caballo rojo", el himno a la heroína en clave de chacarera que terminó de poner a punto en nuestro país con Eduardo Avena: "Aunque así me reviente/y nunca me levante/ni pueda ir adelante/y mi mejor amante se fuera/Caballo rojo mío/vamos que yo te llevo/a beber agua amarga del río". En Londres también conoció a Joaquín Sabina, con quien entabló una amistad que terminó, dicen, por un asunto de polleras. Al poco tiempo, cuando Sabina trepó en las ventas, el Vasco gritaba entre risas y rabietas: "¡Yo le robo las mujeres y él me roba los versos!". No son pocos, en efecto, los rasgos que ambos comparten a la hora de escribir. Por ejemplo: "Hablaban siempre de dinero /Y planeaban asaltar un banco /Y al llegar otro febrero /soñaban con fugarse en un barco./Uno se hizo maricón /otro se hizo marino mercante /Aquél cree en la revolución /mientras su hermano es un traficante". ¿Sabina o Bigarrena? Bigarrena. Mezo buscó a Sabina en sus pasos por Buenos Aires, pero los encuentros nunca pasaron del abrazo y el ¡qué alegría verte! El Vasco, sin embargo, juraba que en Londres habían sido muy amigos. Sabina, de hecho, se enteró de su muerte en medio de una entrevista para Página/12 con el periodista Víctor Pintos. Quedó exánime, a tal punto que el reportaje se suspendió y recién se reanudó al día siguiente, cuando Sabina llegó con la canción "Flores en su entierro" recién salida del horno: "Veinte años atrás lo conocí /en Londres conspirando contra Franco /Vendía el mejor aceite de hachís /y le excitaba más robar un banco/ que el Mayo de París". (La versión original acaba de editarse en Diario de un peatón, el último trabajo de Sabina, con el nombre "Flores en la tumba de un vasquito".)
En Londres vivió también episodios oscuros. Se quedó sin muelas. Estuvo preso. Patricia Somoza, su compañera durante cinco años, evoca el misterio que envolvía esos hechos: "Nunca contó por qué había ido en cana. Yo creo que quería vivir la experiencia. Él decía que se había escapado, pero estaba en libertad condicional: tenía que quedarse en Londres y se fue del país. Los detalles nunca los contó: creo que tenía que ver con el tráfico de algún metal... Pero era muy mitómano. Siempre estaba construyendo su personaje". Como quiera que sea, de Inglaterra se trajo las sensaciones que lo acompañaron durante el resto de su vida: la angustia, la paranoia de no poder volver.
Llegó a América latina escapando, y su primera parada fue Venezuela, donde trabajó como periodista en un diario dirigido por Tomás Eloy Martínez. Flirteó en Bolivia con la guerrilla diezmada, y de ahí en más se dedicó a exaltar sólo las luchas propias. "Ya no puede haber células de más de uno", repetía. Brasil lo tentó, y decidió quedarse. Vivió entre Río de Janeiro y San Pablo, tuvo dos hijas y compartió amistad y zapadas con Chico Buarque y Milton Nascimento. Dicen que a la vuelta del exilio, antes de salir por primera vez a escena en Brasil, Chico Buarque, completamente borracho, sufrió un ataque de pánico del que sólo pudo rescatarlo el Vasco haciéndole tomar una jarra de café. "Chico lo quería mucho –cuenta Pedro Conde–, pero Luis me decía que se había alejado de ese ambiente porque todos comían siempre en lugares caros y él, que llegó a vivir abajo de un puente, nunca podía pagar". En rigor, el nombre de Mezo aparece como músico invitado en el disco Chico Buarque en español, de 1982.
Dejó Brasil por Patricia Somoza, la porteña que conoció en una playa carioca y que se lo trajo a Buenos Aires, donde se instaló definitivamente en el verano del '85. Aquí vivió los últimos ocho años de su vida mientras pegaba saltos esporádicos a Montevideo, tentado por la amistad con los Fattoruso. La melancolía y el "noviazgo con la muerte" que –según él– definía a los porteños fueron su desafío. "Se burlaba de todo", dice Dardo Sincovski, que supo alojarlo en su departamento de Palermo, "pero supongo que al llegar acá se prometió: 'Los voy a hacer reír a estos amargos hijos de puta'".

Cruces, chispas y discos.

Mezo, que hablaba ocho idiomas, "contaba las cosas en el idioma en el que habían sucedido, con un acento perfecto, y siempre terminaba demostrándote que sabía el doble que vos. Era un tipo que llamaba la atención: si te lo cruzabas querías saber quién era". Pedro Conde recuerda que una vez fueron a un local donde les habían ofrecido tocar por intermedio de la Negra Poli, manager de Los Redonditos de Ricota. "Las condiciones eran bastante truchas y nadie ponía un peso, así que fuimos a ver a la Negra y el Vasco le dijo: 'Oye, cuando tires un hueso, tíralo con carne'. Pero al rato estaba tocándole la guitarra y seduciéndola adelante de Skay, que miraba sin entender. Al Vasco siempre le gustaron las mujeres de sus amigos."
En los estudios Panda se cruzó con Luca Prodan y hablaron de Escocia: Luca había pasado ahí una temporada como pupilo en un colegio, y el Vascohabía trabajado en las plataformas de petróleo escocesas. "¿Te imaginás lo que dirían en Escocia si se enteran de que soy estrella del pop en el culo del mundo?", le decía Luca entre carcajadas. Pedro todavía recuerda el día en que leyeron acerca de la muerte de Prodan en un titular de diario: "'Este país come-muertos. Yo no voy a terminar como Miguel Abuelo o como Luca', dijo Mezo. Se enojaba mucho, pero al final él terminó más embarrado que todos", concluye Conde.
Sin traicionar su lugar de outsider, Bigarrena hizo uso de su encanto y consiguió el apoyo de Emi-Odeón para grabar su primer disco y el de Sony Music para el segundo. Es extraño que la historia de un tipo empiece a derrumbarse justo en el momento en el que parecía estar empezando a funcionar. Durante la campaña de prensa de Viaje de vida (Emi-Odeón, 1990) lo invitaron a varios programas de radio y TV, y más de una vez terminó a las puteadas. "Escucharlo o verlo era un sufrimiento, pero ése era su estilo", dice Patricia.
Mezo fue agudizando su hermetismo, su mal humor y una clara resistencia a generar la estructura necesaria para sostener el disco que acababa de salir. Dedicado a los militantes vascos Jokin y Espe y a las Abuelas y Madres de Plaza de Mayo, entre otros, Viaje de vida jamás se presentó en vivo. "Para él lo artístico era un medio: no le interesaba que sus temas se escucharan por la radio o en un boliche, ni que lo reconocieran por la calle. Maquillarse antes de un show era transar", dice Dardo Sincovski. Y Patricia: "Su idea de dar el golpe: no soportaba la idea de pelearla de a poco, tocar, presentarse, dar entrevistas... No sabía lidiar con la realidad. Ése fue su mayor obstáculo: creía que se iba a comer al mundo y el mundo terminó comiéndoselo a él". Pero ¿qué clase de golpe pensaba dar este extranjero que al presentar su primer disco dice que "este país es la tumba del swing, un lugar de mal cogidos y chupaculos en el que tú no eres lo que eres sino lo que logras aparentar"? Según Pedro Conde, "el Vasco se murió de la misma melancolía que quería combatir. Para los que nacimos acá la depresión es como una gripe: la pasamos y ya. Pero él no estaba inmunizado".

El inquilino.

Con Patricia Somoza convivieron unos cinco años. Cuando rompieron, Mezo se mudó al departamento que el médico Dardo Sincovski tenía en Palermo. Ahí vivió un año y luego partió hacia la casa de los Sellés, en el partido de San Martín, a donde llegó de la mano de Patricia, profesora de Literatura de una de las hijas de Pepe y Lucy Sellés. Los Sellés tenían un galpón a un costado del terreno: ahí, con unos roperos viejos y una cama, le armaron su reducto. "Luis congenió inmediatamente con todos, pero sin transigir", dice Lucy. "A mi madre, que era muy católica, le decía continuamente 'Luisita, Dios ha muerto', y mi madre le contestaba que Dios lo iba a castigar por blasfemo. Se cuidaba mucho, hacía ejercicios en el fondo y tomaba sol en la terraza. En septiembre empezó a grabar su segundo disco. Ahí fue cuando más contento lo vimos." Dardo recuerda que cuando dejó su departamento estaba altísimo de energía, con un nivel de actividad incontrolable. "Nunca vi un tipo tan fuerte. Cuando estaba bien se podía bajar un tubo de whisky y quedar como nuevo, pasarse veinte días sin dormir o tres o cuatro sin comer. Con los vicios tenía un aguante impresionante: no le hacía asco a nada, pero tampoco era dependiente."
Todo parecía otra vez en marcha. En un pico de optimismo, Mezo empezó a grabar Avión (Sony Music, 1993). Pero el disco debía colmar demasiadas expectativas, la idea del suicidio ya rondaba su cabeza y las difíciles condiciones en la que el álbum se produjo terminaron de abortar cualquier esperanza. Por esos días cortó algunas de sus más entrañables relaciones: "Un día me habló, como si fuese una hipótesis, de la posibilidad del suicidio", recuerda Pedro Conde. "Yo lo había acompañado en todas, peroése fue un secreto que no guardé: decidí alertar a todos los que estaban cerca de él. Terminamos a las trompadas." Todos recuerdan que su ánimo fluctuaba entre altos y bajos y que gradualmente se fue hundiendo en un pesimismo impenetrable.
Uno de los detonantes fue la relación con el productor comercial del disco, Jorge Esperón. "Nunca vi putear como Mezo a Esperón. Por teléfono le gritaba que le iba a pegar un tiro en la boca, por traidor", recuerda Pepe. Según los amigos, el productor no había cumplido con los pagos de la grabación ni con la fecha de edición del disco. Lo cierto es que Bigarrena ya iba camino a la depresión. "El último disco lo hizo a base de ginebra. Aguantaba con eso. Nadie lo cagó en grande; fue como una conspiración de socios que lo fueron enterrando en la mufa de a poquito", dice Pedro.
Los resultados musicales son fieles al estado en que Mezo encaró cada uno de sus discos. Viaje de vida es notablemente superior a Avión por la calidad de las canciones, pero sobre todo por la atmósfera de fiesta musical que irradia, compartida con músicos como José Luis Sartén Asaresi, el guitarrista José Pedro Beledo, Rodolfo García, Pedro Conde y la cofradía uruguaya de Rada, los hermanos Fattoruso, Beto Satragni y Ricardo Nolé. De Avión, en cambio, Dardo dice que Mezo "sentía que iba a ser una repetición de Viaje de vida, pero con menos onda y menos magia. Además, ya se veía venir otra vez el lanzamiento del disco, salir a presentarlo, dar entrevistas, y eso no le gustaba". Una vez que lo terminó, Mezo cumplió su promesa y fue a mostrárselo a Pedro Conde. "Fue la última vez que lo vi. Vino a mi casa de Pompeya, lo escuchamos en silencio, sin hablar, y nos despedimos como siempre."
Cada vez más huraño y paranoico, Mezo "estaba irreconocible. Quería irse a Tahití. Un día me acompañó a buscar el pasaporte y cuando vio las computadoras se puso como loco: decía que no se podía ir a ningún lado, que lo iban a encontrar siempre". Por esos días, a fines del '92, en la esquina de su casa había una fábrica cuyo sereno era irlandés. Conde cuenta que "un día cayó la policía con gran despliegue de helicópteros y se lo llevaron. En el barrio se decía que el tipo era del IRA, y Luis se asustó mucho". Mezo juntó sus pertenencias en un bolsito verde (casetes, libros, una larga soga blanca) y se instaló en lo de los Sellés. A Pepe le llamó la atención la soga. "Con mi yerno le hicimos una joda: le hicimos una horca y se la atamos en la cabecera de la cama con un cartelito que decía 'El triste fin de un torcan'". Por un tiempo, la soga sirvió de hamaca para los niños de la casa. Hasta que, entrado el verano, Mezo la descolgó.
Dos cosas más, según Pepe, colmaron el vaso: "Había hablado con su padre para las fiestas y se había quedado muy mal al enterarse de que estaba sin trabajo. Y después lo llamó una mujer de Francia para decirle que tenía un hijo suyo de seis años. A partir de ahí empezó a quedarse todo el día en la cama. No contestaba los llamados telefónicos; tampoco nuestras preguntas y ofrecimientos".
Mezo dejó la casa de los Sallés el miércoles 21 de enero. Su cuerpo apareció colgado en los bosques de Palermo en la madrugada del 22.
Avión terminó editado por la Sony unos meses después del suicidio. La tapa del disco estaba a cargo de una agencia publicitaria que por entonces tenía Corcho Rodríguez –sí, el de Susana–, pero la compañía no aceptó pagar la producción de la foto original (un narigón con flequillo y lentes representado por los genitales del mismísimo Mezo) y solucionó el problema de manera macabra y expeditiva: poniendo un árbol en la tapa.


jueves, 7 de agosto de 2008

MILO MANARA



















DIBUJANTE DE MUJERES


Maurillo Manara nace el 12 de Septiembre de 1945 en Bolzano, pequeña localidad italiana, cerca de la frontera austríaca.

Con gran rapidez, Milo se revela como extraordinariamente dotado para el dibujo y la pintura. A sus catorce años, en la escuela, ilustra páginas de La Iliada y la Odisea. Su vocación, la pintura, no le da ingresos suficientes para vivir y en los años sesenta le encontraremos trabajando en una fábrica de juguetes y ayudando a escultores, como el español Berrocal que trabaja cerca de Verona. Eran los tiempos en que el vanguardista editor Eric Losfeld publica sus obras más representativas. Barbarella, Jodelle o Saga de Xam no pasan desapercibidas para el joven Milo, que comienza a interesarse por los comics y a sus 23 años publica su primer título: Genius para un editor (Furio Viano) especializado en narraciones gráficas con lo policíaco, el sexo y la violencia como ingredientes principales. Son momentos, por otra parte, claramente contestatarios en la Universidad, donde nuestro autor estudia Arquitectura. Allí, en Venecia, pertenece a una organización maoísta: "La Unión de la Juventud" y forma parte de un grupo artístico, "Miraculo" que realiza ilustraciones y carteles políticos, desempeñando un cierto papel en los enfrentamientos con la policía en la Bienal de 1968.

Hasta el año 72 realiza para Edizione Erregi (de connotaciones similares a Furio Viano Editore) Jolanda de Almaviva, produciendo más de cuarenta títulos. La calidad gráfica de Manara evoluciona rápidamente a lo largo de los casi cuatro años de realización de Jolanda, consiguiendo hacer detacar esta serie de entre las más de cincuenta de características similares que se editan en ese momento en Italia. Es en las Ediciones Erregi donde conoce a Silverio Pisu, guionista con el que Manara va a conseguir abandonar las publicaciones sexy de pequeño formato. Juntos crean: Telerompo, Alessio, Il Borghese Rivoluzionario, pero sobre todo: Lo Scimmiotto (El Rey Mono), una loca historia de un humanoide, rey de un pueblo de simios, que ha conquistado la inmortalidad y abandona el lugar ofrecido en el cielo para volver con su tribu. Ya aquí empiezan a plantearse y resolverse problemas de composición de páginas y narración. Lo Scimmiotto se publica desde Enero de 1976 a Febrero de 1977 en la revista de Milano Libri "Alter Linus". La obra está inspirada en una novela fantástica china del s. XVI: Si Yeou Ki (La Peregrinación hacia el Oeste) de Wou Tcheng-en. Su personaje central, un mono: Souen Wou-Kong, personifica el valor y el espíritu revolucionario, habiéndose adaptado gráficamente en distintas ocasiones en su país de origen.

Mientras, Manara publica en "Il Corriere dei Ragazzi" una serie de historias, La parola Alla Giuria, que proponen a los lectores juzgar a personajes históricos célebres como Atila, Custer, Nobel o Helena de Troya, con guiones de Mino Milani. En esta revista, aunque ya bajo su nueva cabecera "Corrier Boy", dibuja tres episodios de un motorista de fuerte parecido físico con James Dean (años más tarde, volverá a utilizar este parecido físico para otro personaje en los álbumes Click 2 y Click 3).

En 1976, Manara comienza su colaboración para Larousse con "L'Histoire de France en Bandes Dessinées" (Carlomagno, La Revolución de 1789, La Guerra con Prusia, etc) que luego sigue en "La Decouverte du Monde" (Balboa y James Cook). En este tiempo y con guión de Alfredo Castelli dibuja para Cepim, la editorial de Sergio Bonelli: L'Uomo delle Nevi (El Monje del Tibet) con el silencio inquientante del Himalaya a 6.000 m. de altitud como protagonista.

El punto de ruptura que convertiría a Milo Manara en autor de sus propios guiones, con plena libertad de expresión se lo ofrece la editorial francesa Casterman en 1977, deseosa de producir nuevas series para su recién estrenada revista: "(À Suivre)". Es al año siguiente, en el número 9 de "(À Suivre)", cuando Manara va a confirmar todas las sensasiones positivas que se conjeturaban de él. HP et Giusseppe Bergman viene a insertarse plenamente en lo que se ha dado por llamar "comic de autor". Gran admirador de la vida y obra de Hugo Pratt, Manara emplea su persona, HP, tras el que corre el otro personaje a lo largo de la historia -sin duda el propio Manara- deseoso de ser imbuido de la Aventura que es y representa Pratt y de la que tan irresistiblemente plagada se encuentra la obra de Manara. "La aventura como ética, como cultura, como modo de vivir. La aventura no es seguir pasivamente los acontecimientos. La aventura es autodeterminación",decía Manara al término de la primera obra de HP et Giusseppe Bergman, a la que seguirían: Un Autor en Busca de Seis Personajes y Dies Irae (Las Aventuras Africanas de Giusseppe Bergman 1 y 2) y, más tarde (1989) Tal Vez Soñar (Las Aventuras Orientales de Giusseppe Bergman).

Más tarde, refiriéndose al erotismo existentes en sus historias, decía: "El sexo es un componente determinante de la cultura. Cuando vives plenamente tu sexualidad, rompes con el embrutecimiento social. Y cuando dibujo escenas eróticas no es gratuito. Creo que éso expresa una de las dimensiones esenciales en el hombre y que es uno de los objetivos de la aventura".

En 1981 realiza directamente para la revista francesa "Pilote", la historia El Hombre de Papel, un curioso "western" que vería su versión española en las páginas de la fenecida revista "Vértigo". En 1983 Manara vuelve al cómic erótico, esta vez con una historia propia a la que confiere su particular y característico estilo. Se trata de El Click y fue un gran éxito de ventas y crítica. Esta historia aparecería originariamente en la revista italiana "Playmen" y en España la publicaron por entregas "Totem" y "Comix Internacional". En 1985 Jean-Louis Richard dirigió una versión cinematográfica de esta obra que desmerece completamente la gran calidad del cómic.

Pero si El Click y fue un éxito rotundo, más interesante y todavía popular es Verano Indio, una de sus pocas obras no escrita por él que acabó de reafirmar la categoría de este dibujante italiano. Hugo Pratt, responsable del magnífico guión de Verano Indio, refleja en esta historia un episodio de la colonización de Nueva Inglaterra. El dibujo de Manara, tan estilizado como siempre pero más formado, impactó a toda Europa.

Al año siguiente -1985-, Manara volvería al cómic erótico de fuerte contenido con El Perfume del Invisible. A partir de entonces sólo se han sucedido éxitos en la carrera de este genial dibujante: Tal vez soñar, Viaje a Tulum (con guión de Fellini), El Gaucho (segunda y última colaboración con Hugo Pratt), El Click 2 y 3, El Perfume del Invisible 2, Gulliveriana (magnífica translación del mundo ideado por Swift), Cita Fatal, El viaje de G. Mastorna (con Fellini), El Fuego y las Entrañas (en colaboración con Pedro Almodóvar ), Kamasutra, Las Aventuras Urbanas de Giusseppe Bergman (Revoir les Étoiles en su versión francófona), WWW, La Metamorfósis de Lucius... En Noviembre de 2000 se publicó en Francia su último álbum: Revolution, donde los famosos televisivos devienen protagonistas. En Junio del 2001 comenzó la publicación seriada en "L'echo des savannes" de El Click 4, la continuación de su saga más famosa.

En los últimos años ha diversificado su arte realizando versiones en CD-ROM de sus álbumes Gulliveriana, Kamasutra y WWW. Últimamente se había embarcado en la creación de un CD-ROM interactivo que, por primera vez, no estaba basado en la adaptación de unos de sus comics; su título: Bloom; aunque parece que este proyecto se encuentra actualmente "aparcado"

miércoles, 6 de agosto de 2008

ERIC DROOKER


EL PINTOR DEL ROCK Y LA GRAN MANZANA

Primero vislumbré el nombre impar de Eric Drooker sobre carteles pegados sobre lados de alarma contra incendios, paredes de construcción a cuadros con la publicidad, y cajas de unión de farol en el vórtice de barrios del este de Nueva York, avenidas inferiores que conducen al Parque Tompkins, donde la dislocación radical social mezcló tiendas plasticas sin hogar con el travestido Wigstock, rastas que se sientan sobre bancos que comparten spliff, niños con Mohawks púrpura, anillos en sus cejas, oídos, narices y ombligos, cabezas rapadas adorables o repugnantes, mujeres con perros y maridos con niños que dan un paseo a parias desempleados pasados, basura, y un bandshell, el semanal usado para conciertos de gente-grunge, reuniones pacifistas, las protestas de derechos de los ocupas (squatters), el refugio para drogadictos abrigados por mantas, vinos y la música de los rockeros "Missing Foundation" cuyo logo, una copa de champán volcada con el lema " The Party´s Over " fue pintado por sobre aceras, apartamentos, piedra arenisca de color pardo y calles amuralladas de ladrillo.

Los numerosos carteles de Eric Drooker " la impresión de bloque como " mucha acción local anunciada, sobre todo las luchas de los squatter y la policía del alcalde intentando destruir el bandshell y cerrar el Parque de noche, conduciendo a los sin hogar a refugios de ciudad notoriamente corrompidos por la violencia. El parque Tompkins tenía una larga historia de protesta política que comienza antes de la movilización violenta de la muchedumbre anti Guerra civil, conmemorada como " ... un oleaje surtido de sonido sordo, el rugido ateista del disturbio, " de Herman Melville, El Techo: Un Pedazo De la noche (julio de 1863).

Comencé a coleccionar los carteles de Drooker poco después que vencen el choque, viendo en imágenes contemporáneas el mismo conflicto de clase peligroso que yo había recordado en la niñez, el bloque de preHitler imprime novelas mudas por Frans Masereel y la Sala Lynd. Las imágenes de la sala del artista solitario achicado por los cañones de Wall Street Megalopolis se ponen sombreado detrás de mi propia visión de Moloch. Que "me impresionó" en las copias de scratchboard de Drooker era su ilustración gráfica de crisis económica similar a las depresiones Weimar-American de los años 1930.

En nuestra propia era, como un corredor de bolsa de Wall Street notó, " Reagan pone la nación en el empeño a los militares, " con el resultado del derrumbamiento del valor humano y la estabilidad social. Drooker iluminó el empobrecimiento extensamente notable de las clases bajas, " disminuyendo expectativas " de habitantes de ciudad de clase media, y la transferencia de las partes desproporcionadas de riqueza común a aquellos ya ricos. Esta información económica, incluyendo los hechos de ahorros de miles de millones y quiebras de préstamo pagadas por fondos federales, fue relatado en tonos neutros por periódicos protocolados, pero Drooker ilustró la tensión infraestructural de la ciudad, el decaimiento de alojamiento, los sin hogar, el hambre de basura y el sufrimiento amargo de familias marginadas, Negros y juventud, con tal detalle vivo, que el horror de realidad autoritario de nuestra guerra de clases contemporánea, sin piedad Maltusiana technoeconomic, se hizo inmediatamente visible.

"... Esto es una pregunta de valores genuinos, el valor humano, la honradez, " comentó Thomas Mann, introduciendo la novela de Frans Masereel en grabados en madera, El Viaje Apasionado. Drooker pasó su niñez en la 14a East Street y la B Avenue, explorando la ciudad temprano, observando " damas con bolsas de compras, estirados cadillacs, hombres sin afeitar gritando, el cabeceo de los drogadictos, prostitutas de la Avenida tercera que se miran en los espejos de coches aparcados. " Sus abuelos maternales eran socialistas de los años 1930, su madre enseñó en el PS 19 de la vecindad, sobre la 11a Avenida, su padre, el programador de oficina,lo llevo a museos de arte por todas partes de la ciudad.

En los años 1970 asistió a clases de arte en el Henry street Settlement, se graduó en la Cooper Union,se mudó permanentemente a la East 10th Street cerca del Parque Tompkins. Siguiendo la tradición familiar, él organizó huelgas de alquiler, apoyó locales ocupas y a la organización de arrendatarios contra la brutalidad policial. Antes de los años 1980 trabajó como artista independiente para muchos grupos izquierdistas, con la reputación como el arte-provocador radical de la calle, fue detenido y llevado a la cárcel del District of Columbia. En "la negación" de la crisis económica, los burócratas de la ciudad castigaron al Punk y lo catalogaron como " un fastidio público. " Los afiches fotocopiados fueron considerados " un graffiti ilegal. "

Antes de los años 1990 redactores de Op-editor en el New York Times lo invitaron a contribuir en el arte para sus páginas, como hizo la Nación, la Voz del Pueblo y Newsweek. Bajo un nuevo régimen postmoderno en el New Yorker, publicó muchas ilustraciones, hasta tapas, incluyendo una imagen famosa de dos vagabundos agrupados alrededor de un cubo de basura con fuego, con grandes y brillantes copos de nieve cayendo, debajo del Puente de Brooklyn. ¡Su novela en cuadros,Flood!(Inundación), con sus fantásticos sueños sociales, ganó un American Book Award .

Nuestra colaboración comenzó como subproducto de una ilustración de mi poema The Lion for Real para su poster a beneficio de año nuevo de 1993 en su proyecto poético St. Mark´s. .

Como yo había seguido su trabajo a lo largo de una década, me halaga que un artista tan radical y de una generacion más joven haya encontrado que, el cuerpo de mi poesía sigue siendo pertinente, incluso inspirador. Nuestros caminos se cruzaron a menudo, hemos participado en diversas reuniones políticas y poético-musicales de animación.Tambien es responsable de el arte de tapa de bandas como Rage against the Machine, ...But Alive, Faith no More y para el sello Epitaph Records.

www.drooker.com