viernes, 6 de junio de 2008

EL HACHA

Buenos Aires 202/206, esq. Maciel
Montevideo
Uruguay


Quien entra por primera vez a el bar "El Hacha", tiende a quedarse circunspecto en un rincón, mirando las vigas oscuras del techo. Es imposible no tratar de imaginar lo que ocurrió allí, en la antigua pulpería del Montevideo colonial de la última década del siglo XVIII. Seguro que el gallego Juan Vázquez se fue a dormir temprano y dejó a Bernardo Paniagua, un joven navarro de escuálida figura, para que atendiese a los dos parroquianos que demoraban en irse, casi a la medianoche del 15 de abril de 1794. Al fin, sólo uno quedó de beberaje en la penumbra. Se trataba de un marinero ligur de desaforado sombrero, torvo merodeador del puerto conocido como Domingo Gambini y con quien Bernardo Paniagua pasó el último rato de su vida. En la madrugada. oscuro y callado, Gambini trepó a una balandra y marchó con su invisible presencia a los abastos de Buenos Aires, donde pronto se supo que tras robar los recaudos del día en la pulpería del puerto de Montevideo, había matado de un foribundo hachazo al hombre que lo atendía.
Pero la historia no terminó allí. Si bien los pormenores son irrecuperables, se supo que con el crimen del pobre navarro Paniagua se hizo justicia poco antes de que el asesino tuviese tiempo de gastar lo robado en Buenos Aires. El siniestro Gambini fue devuelto engrillado a la cuidadela de Montevideo y ahorcado pocos días después ante la mirada ceñuda del solitario Juan Vázquez, quien terminó atravesando el hacha en una de las rejas de su almacén, para que fuese vista por muchos años como símbolo de que no todos los crímenes de medianoche quedan impunes así como así.

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